lunes, 31 de enero de 2011

Cioran o ¿la estética del dolor?



"Nuestro grotesco oficio de encuadernar la nada."
Roberto Juarroz

Emile Michel Cioran (Rasinari, actual Rumania, 8-4-1911; París, 20-6-1995). Pensador y gran ensayista rumano que escribió en lengua francesa. Sus libros, de un exacerbado escepticismo, han encendido polémicas jamás resueltas. Cioran está entre los escritores que poseían el don de la provocación. Para usar el mismo término que él utilizó, un pensador "inmoderado", con una gigantesca elocuencia y un verbo obstinado, inflamado de desprecio, que aniquila y persuade mediante la maquinaria de su pensamiento. En su "Ensayo sobre el pensamiento reaccionario y otros textos" (Editorial Montesinos, 1985) encontramos su particular lectura de sus maestros, encontraremos coherencia en sus ideas y veremos al clarividente hábil, desmadejando, escrutando hasta lo más recóndito el fenómeno humano. Los libros de Cioran nos llevan al desencantamiento de nuestras modernísimas ilusiones y a esa épica del error que el hombre encarna, el hombre arrancado de sus raíces esenciales, patéticamente escindido. Estos libros revelan un muy profundo malestar, donde también las palabras se convierten en meros espejismos de nuestro descontento; "contienen los enormes huevos no incubados de todas las penas del mundo".
La interrogante con la cual se batalla es una interrogación básica sobre el orden del mundo, es la eterna interrogante de si el mundo tiene sentido o si carece de él, por supuesto, vista y examinada por un sacerdote del nihilismo. El pensamiento de Cioran está anclado en la creencia de que todo lo que el hombre afirma del mundo es incierto, que sus mohosas creencias no son sino agujeros por donde se escurre nuestra comprensión, pero para reconocer esto hay que haber llegado a la desalentadora desnudez de las cosas, a reconocer la insuficiencia de la razón, a la sátira de la historia y a nuestra endeble concepción del mundo, a la falsedad y artificio con que se maneja la explicación científica: "una ciencia hecha por hombres en quienes el deseo de conocer está muerto".
En 1946 renunció a su nacionalidad y se declaró apátrida. Sus ataques a todas las filosofías, religiones e ideologías están expuestas en sus análisis, de una corrosiva maestría. Uno de sus libros más conocidos es "Silogismos de la amargura" (1952), escrito en forma de aforismos, lo que le proporcionó la libertad de polemizar sin un sistema. Una obra construida sobre el filo del abismo y el desencanto ontológico, una estética del dolor.

Yubirí Rosales

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