viernes, 20 de noviembre de 2009

Enrique Lihn. Revolución.


No toco la trompeta ni subo a la tribuna
De la revolución prefiero la necesidad de conversar entre amigos
aunque sea por las razones más débiles
hasta diletando; y soy, como se ve, un pequeño burgués no vergonzante
que ya en los años treinta y pico sospechaba que detrás del amor a los pobres de los
sagrados corazones
se escondía una monstruosa duplicidad
y que en el cielo habría una puerta de servicio para hacer el reparto de las sobras entre los mismos mendigos que se restregaban aquí
abajo contra los flancos de la iglesia
en este barrio uncioso pero de cuello y corbata
frío de corazón ornamental
La revolución
es el nacimiento del espíritu crítico y las perplejidades que le duelen al imago en los lugares
en que se ha completado para una tarea por ahora incomprensible
y en nombre de la razón la cabeza vacila
y otras cabezas caen en un cesto
y uno se siente solitario y cruel
víctima de las incalculables injusticias que efectivamente no se hacen esperar y empiezan a
sumarse en el horizonte de lo que era de rigor llamar entonces vida
y su famosa sonrisa

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