domingo, 11 de abril de 2010

Saint Chapelle, París.


Al ver esta fotografía de la Saint Chapelle en invierno, me pregunto: ¿por cuál motivo Baudelaire detestaba al gótico? Y es que al ver la fotografía me admiro de lo conciso de la estructura y cómo sus líneas curvas suavizan. Se trata de un equilibrio que nada tiene que envidiarle a las construcciones clásicas greco-romanas. Es importante señalar al respecto que el equilibrio no es exclusividad de los griegos. Lo que los griegos llevaron a la perfección fue la sobriedad, que por cierto atenuaban con el color revistiendo el mármol, especialmente en los frontispicios. Era una sobriedad colorida. Resulta interesante deducir que cuando Baudelaire estuvo en Bélgica, admiraba las iglesias barrocas y neo-clásicas como un contraste con el gótico, claro, son tendencias arquitecturales herederas de la tradición greco-romana y dependen más de las columnas que de las paredes. Entiendo su agrado por una arquitectura que posee una claridad clásica-mediterránea, pues una arquitectura densa como la gótica puede abrumar a una mente como la del poeta francés.
París es una ciudad donde el gótico muestra su señorío, aunque posee construcciones representativas del barroco y el neo-clásico. Sin duda, no es contra París que reacciona el poeta. Deduzco que es contra el gótico. Está harto de él. Su visión racional descarta la mística de su lenguaje.
Uno piensa en el clima: la arquitectura greco-latina es de origen mediterránea y es encolumnada. La arquitectura gótica no usa columnas sino paredes y tiene que ser cerrada por el clima francés, que es más húmedo, frío y con menos luz. Así, además de cerrado, gracias al vitral, permite una máxima penetración de la poca luz. En verano el esplendor. Pero además, utiliza un sistema de sostén ramificado, ya que al no haber columnas recurren a los sostenes que emplean la pared encolumnada como soporte. Como si se tratara de un broche que une soporte, pared y techo. Sin embargo, creo que se presenta un detalle interesante: la planta greco-latina es plana y utiliza las columnas proyectando la ¨planitud¨ en el techo. El barroco y el neoclásico utilizan este mismo proceder, aunque el barroco y el rococó recurren al decorado para darle plasticidad a las líneas, mantienen el mismo fundamento de sostener los dinteles como techo, diferenciándose del decorado gótico en que no son angulosas.
Me imagino que Baudelaire, al ver la cripta de Saint Chapelle, se sentía oprimido, especialmente por las cúpulas abovedadas simulando enjambres, y es natural que una mentalidad como la suya, resentida con la condición de una época apabullante, se sintiera oprimida por una imagen celestial, de un lirismo que lo exasperaba. Una madeja de soportes que como arañas cósmicas parten desde las columnas aparedadas, que quizá lo enredaban alejándolo del piso concreto; además, no creo que soportara ese colorido celestial de la cripta. Él era contrario a esa representación del infinito, pues él no era cósmico, y no era afín a ese estado porque los románticos como Lamartine habían establecido un precedente que no le agradaba. Lo contigente, lo citadino, lo estimularon a lo sublime como un remedio espiritual, pero lo cósmico y la infinitud le parecían tremendamente edulcorados por los romanticistas. ¿Perdía el gótico sin ser responsable?
Ricardo Chitty

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