martes, 26 de enero de 2010

Alfonso Reyes. Del bestiario mexicano.




En el norte de México acostumbran poner a los gallos en lo alto de un templete, para que no se los coman los coyotes. Desde su mirador, el gallo va y viene, y mira de reojo al coyote que se va acercando con un airecillo bondadoso:

-Buenos días, hermano gallo.
-Buenos días, hermano coyote.
-¿Qué haces ahí trepado?
-Ya ves, tomando el sol.
-¿Por qué no bajas un rato a "platicar" conmigo?
-No me atrevo, ¡no vaya a pasarme "alguna cosa"!
-¿Qué puede pasarte? Si desconfías de mí, acuérdate que ya el León, el Rey de la selva, acaba de dictar una ley ordenando que ningún animal le haga daño a otro. ¡Anda, baja, no tengas miedo!
-No me atrevo.
-¡Pero si la nueva ley te ampara!
-No creas, hermano: hay cabrones que ni la ley respetan.

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