jueves, 26 de marzo de 2009

El encanto de los discretos


Claude Monet


Jules Barbey D´Aurevilly y Villiers de L´isle Adan son dos escritores con los que siempre he tenido una buena relación. Hasta ahora nada de lo poco que he leido de ellos me ha dejado de causar buena impresión. Autores casi desconocidos y que cuesta encontrar en las historias de la literatura francesa. Sin embargo, es raro que dos escritores tan buenos sean tan desconocidos. D'Aurevilly es un narrador y Villiers es más conocido como poeta. Es vinculado con el movimiento simbolista, aunque para mí lo más sobresaliente es su modo de escritura, pues le permitió ser un excelente narrador. ¿Por qué la literatura será así? La calidad de los dos autores es desconocida para la mayoría de los lectores; casi no hay traducciones.
En principio destacaré dos obras que tienen los ingredientes fundamentales de la mejor narrativa del siglo XIX. Destreza sobre la historia, destreza sobre lo verosimil y destreza en el narrar. Esas tres cualidades fueron desarrolladas por los autores mas representativos del siglo XIX de una forma ejemplar y nuestros dos escritores son dignos representantes de ese logro. No son conocidos como los grandes maestros, pero son tan buenos como ellos. Pienso, en el caso de D'Aurevilly, que quizá lo haya perjudicado su tendencia política (era monárquico). Es memorable una de sus novelas dedicadas a los seguidores del rey: "El Caballero D'Touches". Novela corta en donde se nos mantiene atentos a una acción militar tipo comando y, al mismo tiempo, cómo vivían las personas partidarias del antiguo regimen, cómo conservaban el espiritu aristocrático desde la perspectiva conspirativa, las dobles identidades, el anonimato prudente y la organización secreta. Nos cuenta la acción con la maestría que le permite conservar una estructura clara, en donde se conoce a los participantes, se prepara la acción, se emprende la acción y se viven las consecuencias. Todo ello conservando ese remitirse a los detalles, tan flaubertiano, esa presentación de las acciones a lo Hugo, en una obra de corto alcance que demuestra la pericia de un narrador.
Villiers, por su parte, posee un cuento titulado "Epílogo. El anunciador", dedicado al mundo hebreo clásico del rey Salomón, en donde el autor, como buen poeta, utiliza el recurso de ir encadenando imágenes descriptivas que sólo una prosa bien administrada convierte en narración, presentándonos como un paneo de cámara cinematográfica para destacar el espacio físico donde se desarrolla la primera gran escena, recurriendo a una gran cantidad de objetos de la corte del rey. Sólo un buen escritor puede construir el cuento dándonos impresiones y desarrollando el acontecimiento al mismo tiempo. Por cierto, me recuerda por su exotismo a "La novela de una momia" de Teophile Gautier. Villiers, en el cuento mencionado, es modernísimo y tradicional; modernísimo porque al emplear una reiterada descripción, va aglutinando el ritmo de manera que éste, ceñido en trozos como fragmentados, desarrolla el cuento en partes bien delimitadas en sí mismas y secuenciadas por la estructua general. Así, construye una historia perfectamente lógica, como el cuento tradicional, sin ceñirse estrictamente a una linea preponderante. Es una combinación que nos hace pensar en un visión artística y no funcional, en una propuesta de exploración más que de seguimiento estricto del canon del cuento.
Trato de resaltar la categoría de estos dos autores franceses no con otro proposito que el de resaltar esos casos interesantes de la literatura, que nos obligan a leer por debajo de la moda y nos permiten encontrar verdaderos tesoros desconsiderados por la actualidad.

Ricardo Chitty

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