lunes, 3 de agosto de 2009

Manuel Bandeira. No sé bailar.



Unos toman éter, otros cocaína.
Yo me emborraché con tristeza.
Hoy bebo alegría.
tengo todos los motivos menos uno
para estar triste.
Pero el cálculo de probabilidades
es una broma.
¡Abajo Amiel!
Yo nunca leeré el diario
de María Bashkirtseff.

Sí, he perdido padre,
madre, hermanos.
Perdí la salud también.
Y por eso me conmueve como a nadie
el ritmo del jazz-band.

Unos toman éter, otros cocaína.
¡Yo bebo alegría!
Por eso vengo a este baile
de Martes de Carnaval.
Mezcla excelente de sabores...
-Esa fue camarera
no, fue sirvienta
y está bailando con un ex-alcalde municipal
¡Qué Brasil!

Este salón de sangres mezcladas
se parece al Brasil...
Hay hasta una incipiente gota amarilla
en la figura de un japonés.

El japonés también baila maxixe:
¡Acungela banzai!
La hija de un industrial de Campos
mira con repugnancia
a la mulata inmoral
lo que en ésta resulta indecente
es simple coquetería en los maravillosos
ojos de la muchacha.
Y ese caer de hombros...
pero ella lo ignora...
¡Qué Brasil!

De la política nadie se acuerda,
ni de los ocho mil kilómetros de costa
¿El algodón de Seridó es el mejor
del mundo?... ¡Qué me importa!
No hay ancilóstomos, ni malaria,
ni mal de Chagas:
Silba la sirena y repiquetea
el ganzá del jazz.
¡Yo bebo alegría!

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