jueves, 14 de mayo de 2009

El aporte picaresco.


Escena de cocina en la Última Cena. Diego Velázquez.


"Puesto que muchos le conceden al extraordinario experimento de Cervantes el honor de haber inventado la novela, en oposición a la narrativa picaresca..." (H. Bloom; 1997.142)

En El canon occidental Harold Bloom realiza una afirmación que está íntimamente ligada a una perspectiva general que considera que la novela comienza con Cervantes y su Don Quijote, y que además, podría verse vinculada con otra idea manejada por muchos críticos concerniente a ver en dicha novela el nacimiento del género moderno. Aunque ambas posiciones son discutibles, la primera es inaceptable, ya que cuando nos dice que la novela picaresca es simplemente narración, está obviando una cualidad esencial de la novela.
La novela antigua está sustentada en la narración, pero a diferencia del cuento, posee una complejidad en la historia, en la estructura y en su espíritu épico vulgarizado. Estas características no pueden sino darnos la idea de que la novela, es decir, antes de Cervantes, existía como género y la picaresca, como lo confirma Michel Butor, posee cualidades que deben verse con mucho cuidado por la diferencia que marca con respecto a la novela de caballería y por sus aportes al desarrollo de la novela moderna. Es tanto así que se les considera como las primeras novelas que utilizan al realismo como recurso de construcción. De modo que la picaresca le otorga a Cervantes herramientas de las que dispondrá para crear su obra maestra. Si bien el personaje picaresco no posee la sublimidad del caballero y por lo tanto no es un personaje con interioridad, es decir, y para usar un término de Bloom, se trata de un personaje exteriorizante, ello se debe a que la picaresca está renunciando a esa contextura interiorista porque no la necesita y trata de verla como un asunto ideal que ha perdido relevancia. En cierto sentido la picaresca ha redimido la novela bizantina por el hecho de darle prioridad a la acción o a su absolutismo. He dicho en otro momento que la novela antigua es pura acción, y ante esa cualidad la novela medioeval buscó matizar al género con el desarrollo de caracteres; uno de los más representativos es Lanzarote. Un personaje que representa el comienzo de un héroe con cualidades excepcionales, pero tremendamente humano. No es el heróe épico, aunque posee la grandeza de éste, y no es un héroe de la novela antigua porque no es un personaje plano, es decir no es un personaje caracterizado solamente por la acción, sino que además posee un mundo interno que ante las adversidades muestra sin verguenza su interioridad.
El personaje en general de la novela de caballería delibera con su mundo interior cuando ha cometido un hecho contraproducente. Sopesa su reacción como si hablara consigo mismo. Es un personaje que ante la soledad del bosque experimenta el dolor por la amada. El personaje picaresco no tiene momentos de soledad para sopesar nada. No medita, no contempla, no se detiene en el sentimiento, únicamente trata de sobrevivir. Por ello es externo, no tiene espacio para el alma. Esa es su cualidad y aunque en las Novelas Ejemplares y en el Guzmán de Alfarache encontramos un pícaro un tanto denso, sobre todo en el Guzmán, libro que siempre he considerado como el Quijote negro, igualmente puede ser considerado como un personaje mundano. Así resulta increible que en su Mímesis Auerbach no haya nombrado para nada a la picaresca. Eso es lo bueno de nosotros los latinoamericanos, podemos ver a Europa como totalidad y no privarnos por preferencias nacionales.

Ricardo Chitty

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