sábado, 26 de junio de 2010

Carlos Monsiváis (1938-2010)


Esta es la versión corregida de la conferencia magistral presentada en el Coloquio de Invierno, el 20 de febrero de 1992, en el Auditorio Alfonso Caso en Ciudad Universitaria.


En la lucha entre ti y el mundo, ponte de parte del mundo.
Franz Kafka


Una de las batallas más importantes y menos divulgadas en la América Latina se libra en torno al sentido de los términos indispensables. Si de algo sabe la clase en el poder (la expresión es nostálgica, pero la realidad a que alude es omnívora) es de las grandes ventajas que otorga el control de los Vocablos Cruciales. Dirigir los contenidos del Vocabulario Básico es orientar lo que se vive y predeterminar las conclusiones sobre los sitios en donde se vive. Si la mayoría acepta el significado unívoco de algunas palabras, éstas, por una aplicación rígida, no menos dictatorial por menos consciente, tenderán a convertirse en cárcel, visión determinista, único horizonte interpretativo.

Creo indispensable en medio de los extravíos de la razón semántica, ejercicios a la manera de Raymond Williams, - acercamientos al devenir histórico de las palabras-clave (key words), como cultura, modernidad, tradición, tecnología, globalización, nación, nacionalismo, tolerancia, democracia. En estas notas sólo pretendo una mínima aproximación de trabajo a tres de estas palabras-clave.

CULTURA: TODO LO QUE USTED QUISO SABER SIN NECESIDAD DE APAGAR LA TELE

Del siglo XIX hasta fechas muy recientes la cultura es -según la versión más conocida- el conjunto de obras maestras, creadores, tendencias de la civilización, métodos y programas educativos, vida intelectual, difusión de las artes y las humanidades. En el siglo XIX, cultura es la actividad del Espíritu, y sus cumbres son la erudición clásica, la veneración y el ejercicio de la poesía en distintos niveles, la escritura de la Historia, la creación artística, la prédica moral que instrumenta la divulgación del conocimiento. A principios del siglo XX, cultura es lo que afianza los vínculos de la nación con Occidente, aleja la barbarie, y reparte los productos (libros, cuadros, poemas, sonatas, sinfonías) que sólo una minoría comprende porque sólo ella los disfruta (o a la inversa). Acto seguido, la Revolución mexicana (el fenómeno armado, la mitología, las instituciones, las consecuencias) sin negar la validez de lo anterior, amplia los alcances del término cultura, cuya dimensión pública exige el reconocimiento verbal y jurídico de los derechos de los trabajadores. Cultura, durante más de medio siglo, es "el excedente de satisfactores espirituales" que los gobiernos reparten o creen repartir, en cumplimiento de sus obligaciones para con el Pueblo.

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