lunes, 15 de junio de 2009

El paradójico destino de Stieg Larsson



Por una de esas paradojas del mundo de los libros, en estos momentos Stieg Larsson goza de su fama póstuma. Como muchos otros casos de escritores de renombre, su apellido comienza ser pronunciado por mucha gente sólo después que deja este mundo, algo que siempre se ha visto como una prueba de la falibilidad de la crítica literaria. Larsson no era un literato sino un periodista, corresponsal de guerra y activista político que vivió gran parte de su corta vida amenazado por organizaciones ultraderechistas en Suecia, donde había nacido en 1954.
Días despues de haber entregado el manuscrito de la tercera parte de su saga Millenium, el corazón de Larsson dice ya no más, sin que su dueño pueda siquiera ver impresa la primera de las novelas, Los hombres que no amaban a las mujeres. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, son los otros dos títulos de los voluminosos tomos de esta novela policial que, como muchos grandes maestros del género solían hacer, rebasa ampliamente esa escueta definición para ser llegar a ser una Novela, sin adjetivos, pero en mayúsculas, es decir, una obra totalizante, un universo nuevo propuesto por el autor, un mundo propio que resulta de una experiencia subjetiva y a la vez común al género humano.
Ciertamente Millenium es un policial, incluso con una estructura clásica. Hay un asesino, unas víctimas, un detective tras su presa, esta vez acompañado de una ayudante atípica, por decir lo menos. Pero además hay sexismo, sadismo, racismo y todos esos "ismos" que Larsson conoce muy bien, pues son temas que ocuparon gran parte de su desempeño profesional. Hay un monumental trabajo investigativo donde se reconoce la mano de un veterano periodista. También hay que agregar la audacia de quien está acostumbrado a hablar de temas incómodos, terribles pero muy reales, de quien se ha planteado arrojar luz sobre las llagas más purulentas de la sociedad occidental desarrollada. Audacia y valentía, dicho sea de paso.
Luego está un autor de oficio, a pesar de ser un hombre que veía la literatura como un hobby y que tenía la ventaja de no depender de ella en lo económico. Alguien que durante sus últimos meses escribió frenéticamente en el poco tiempo libre que disponía, en largas noches escandinavas, ayudado por mucho café y cigarrillos, en lo que fue una loca carrera contra el tiempo. Capaz de hilvanar una prosa que ha hecho que millones de lectores en el planeta queden enganchados a tan kilométrica historia. Como siempre, sólo el tiempo dirá si Millenium es sólo otro fenómeno editorial, o si estamos frente al gran fresco apocalíptico que retrata fielmente una época; el fin de un milenio y el comienzo de otro.

Luis Lacave

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