
viernes, 31 de julio de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
Poema

En la sequía no es bueno recoger hojas
ni pájaros
hojas y pájaros se esparcen a placer
polinizan
hojas recubren la tierra extenuada
pájaros liban en sus lascivos vuelos
óvulo viajero
las plantas en sequía desvisten color
fuerte brisa desnuda árboles y
cubre la tierra
raices de cabellos vegetales
ven hacia el cielo
hojas desprendidas abrigan la madre
pájaros en su pulular libinidoso
propagan
permiten la luna.
lunes, 27 de julio de 2009
Manuscrito hallado junto a una mano. Julio Cortázar

Enlace a uno de los cuentos inéditos de Cortázar publicados recientemente:
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Manuscrito/hallado/junto/mano/elpepusocdmg/20090524elpdmgrep_5/Tes
Marcello Mastroianni. Mi primer encuentro con Fellini.

“Tuvo lugar en la playa de Fregene, donde Federico tenía una villa, cuando me llamó para hacer La dolce vita. A pocos pasos de nosotros, bajo una sombrilla, estaba Ennio Flaiano, por entonces su estrecho colaborador en la redacción de los guiones. Naturalmente, yo estaba muy emocionado. Y Fellini, con aquel aire de encantador de serpientes, aquella vocecilla que sonaba como una flauta mágica, exclamó de inmediato: -¡Ooooh, mi querido Marcellino!- (Siempre utilizaba diminutivos, en mi opinión porque le servían también para mantenerte «calmado»). -Querido Marcellino, me alegro mucho de verte. Tengo un proyecto para rodar una película; el productor es Dino De Laurentiis. De Laurentiis quisiera a Paul Newman para el papel de protagonista. Ahora bien, Paul Newman es un gran actor, una estrella, desde luego, pero es demasiado importante. A mí me sirve una cara cualquiera-. Yo no me sentí en absoluto vejado. -Muy bien, arreglado. La cara cualquiera soy yo-.
—Pues sí, porque el personaje es una especie de mariposón. No tiene que tener la personalidad de Paul Newman.
—Perfecto— repuse. Luego, para darme un mínimo de tono, un poco de dignidad, dije —Siento una gran curiosidad por echar un vistazo al guión.
Quería dármelas de profesional, naturalmente. —¡Por supuesto!- Fellini sonrió y llamó a Flaiano.
—Ennio, ¿te importaría traerle el guión a Marcellino?
Ennio Flaiano, con aquel aire guasón que tenía, me trajo una carpeta. La abrí. No había nada dentro. Tan sólo una de las caricaturas que Fellini dibujaba continuamente: en ella había representado a un hombre que nadaba en medio del mar, con un sexo larguísimo que llegaba hasta el fondo; y alrededor del sexo, como en las películas de Esther Williams, evolucionaba un ballet de sirenas. Yo, naturalmente, me sonrojé, no sé, me puse amarillo, verde, de todos los colores. Me sentí como si estuvieran tomándome el pelo. Comprendí que pedir el guión había sido demasiado pretencioso. ¿Qué podía decir?
—Me parece muy interesante, mucho. Acepto, ¿dónde tengo que firmar?”
miércoles, 22 de julio de 2009
Nicanor Parra. El anti-Lázaro.

viernes, 17 de julio de 2009
Hobbema y la tradición paisajística europea



Lo espiritual en el haikú.


De este modo una sola imagen que es el mismo texto, sintetiza una experiencia interior y una experiencia caligráfica. La caligrafía en civilizaciones tradicionales es un arte en sí mismo, igualmente en nuestra contemporaneidad ejerce un atractivo, aunque con otras condiciones, las cuales no son pertinentes en este escrito. Me limito a señalarlo porque es muy importante que los haikús y los tankas, igualmente, poemas concatenados de modo que sean un conjunto de textos, son grafía o para decirlo de otro modo, dibujos con sentido verbal. Por su parte, los tankas son más largos y conservan una especie de independencia entre las estrofas, aunque sean concatenadas en torno a un tema central y la estructura del libro esta basada en textos independientes pero agrupados por un tema central. Consiguen así cómo abarcar aspectos más amplios y explícitos.
Ahora volvamos al haikú. Insistiremos que tiene la dimension de los momentos de una estación en particular. En realidad, como haikú se conocen todos los textos de la estación que recrean los ciclos de la naturaleza. Aquí se encuentra una idea central del budismo, que es el ver las cosas tal cual son, tal cual transcurren en el contínuo movimiento, que al ser captado por una quietud muestra su verdadera dimensión. Mediante la disciplina de la meditación y de la contemplación es posible captar la relación entre el entorno y el sí mismo particular. Por supuesto, en el arte de la poesía ello no es suficiente, es decir, es necesario escribir poesía para poder convertir la meditación y la contemplación en poesía. Se tiene que ser artista, y ello es así por la expresión. Compartir esa experiencia interior y particular en algo que trascienda a la propia persona y que trasmita esa experiencia fuera de esa personalidad, permite al lector experimentarla igualmente. Mediante la expresión de esa experiencia individual, hacer partícipe al otro o a aquellos que conforman el colectivo. Realmente la experiencia, aunque requiera de una disposición individual, se convertirá en expresión y esta expresión es artística, tiene que serlo pues ha podido transmutar una realidad y ha convertido un momento cotidiano en una experiencia transcendental mediante la destreza con el lenguaje y la grafía. Conocimiento y espíritu es lo mismo para las sociedades tradicionales, incluso para aquellas corrientes como el budismo zen que le otorgan importancia a la existencia común y cotidiana. Para nosotros los occidentales, si somos racionalistas, resulta un asunto de truco o de facilismo literario, pero sin la experiencia de la meditación y de la contemplación es difícil creer en este espíritu del haikú, en su capacidad para reproducir una realidad y, al mismo tiempo, de ser un milagro en forma literaria.
Moliendo el arroz,
Levanta su mirada hacia la luna
Tiene el cielo y la tierra,
Como ropa de verano
Con toda sencillez:
Un ligero cielo amarillo
Están lejos,
Sobre las hojas caídas
El viento del río
Afila las rocas
Durrell y su "septeto" de Alejandría

Me resulta interesante el que el resto de sus novelas no me hayan motivado, aunque en realidad, el Cuarteto me deslumbró y me hizo verlas con bajo perfil. No estuve dispuesto a realizar el esfuerzo. Tanto impacto no resulta ser bueno, cuando una sola obra de un autor opaca las restantes y evita el que profundicemos en su quehacer literario. Sin embargo, nada he podido hacer para cambiar mi situación, el Cuarteto siempre está allí como una incitación, como la posibilidad de colarse para ser leído y, créanme, siempre llega ese momento y la impresión que recibo me aleja del resto de sus novelas. Pero sí pude leer sus libros de crónicas sobre el mundo marino griego: “La celda de Próspero”, “Una venus marina” y “Limones amargos”; libros que disfruté muchísimo ya que Durrell maneja muy bien la crónica y te presenta muchos detalles de esa tierra entre el mar, las costas y las islas. Es importante el dato de que “El coloso de Marusi”, una crónica del viaje que hizo Henry Miller a Grecia, y el mismo Henry fueron un modelo para Durrell, quien lo admiraba mucho. Por su parte, Miller, siempre tan perceptivo, admiraba la escritura de Durrell, la admiraba de veras, sobre todo porque el escritor norteamericano tenía un espíritu poético muy pronunciado, espíritu que siempre e inteligentemente fue dedicado a la prosa: el poema no era su molde. Durrell, en cambio, era un excelente poeta y fue su familiaridad con la poesía lo que le permitió, a este británico nacido en la India, llevar a cabo la tarea de escribir estas joyas en el género de la crónica. Utilizando una escritura plástica capaz de trasmitirte imágenes de la realidad, absolutamente científicas en su descripción contínua y ordenada, Durrell utiliza un flujo de percepciones de datos objetivos, para de pronto, salida de esa sucesión realista y en una especie de trazo pictórico, poseído por un espiritu contemplativo, descubrir la belleza de la realidad. Es como si el profesional de la crónica utilizara el recurso de la poesía para mostrarnos un mundo más real o más objetivo. Confirmo mi osadía porque para mí, con este procedimiento Durrell le lleva una delantera a Joyce y a Proust; el escepticismo del primero y la contemplatividad del segundo, asumidos y superados por la espiritualidad del vitalismo, un vitalismo que le había modelado Miller a través del estar "en la jugada", pero simultaneamente del ser abofeteado por la vida, por la civilización, como en el Ulises, y ser capaz de vivir la realidad como un estado meditativo como en el Tiempo perdido.
Realmente cuando leemos las crónicas sobre las islas griegas, nos percatamos de que allí estuvo el comienzo del Cuarteto. Es como si en aquellas hubiese reunido el material en bruto para luego escribir una novela que utilizaba el recurso de la fragmentariedad estructural del Ulises y la utilización del tiempo como un personaje más o como un personaje tácito de En busca del tiempo perdido. Qué gran esfuerzo el de Durrell y cómo resulta ser, igualmente, una novela enciclopédica, como diría Italo Calvino al referirse al Ulises, y cómo esta novela enciclopédica usa otras dos novelas enciclopédicas como el Ulises y En busca del tiempo perdido como referencias. Es realmente atrevido, es una empresa osada, pero con ese material en bruto de “Prospero’s cell”, “Reflections on a marine venus” y “Bitter lemons”, el novelista se ha lanzado a expresar novelescamente nuestro mundo contemporáneo y ha bebido de Oriente, de la región donde la novela bizantina, muchos siglos antes, había desarrollado sus historias, donde igualmente, los cronistas griegos desarrollaron sus historias de viajes que serían tan importantes para la formación de la novela. Los relatos de viajes de los cronistas griegos eran un género constituído, mientras las novelas bizantinas eran como una degradación del poema épico y del poema trágico y jugaban el papel que hoy día juega el disco digital con una película de entretenimiento, sólo que contradictoriamente, la novela bizantina era un entretenimiento exclusivísimo. Curioso y revelador es que, El cuarteto, mi novela preferida del siglo veinte, después de tantos siglos de novela bizantina, vuelva a tomar al oriente medio como escenario. Recordándonos ese gran aporte de un género que para el momento helenístico era una ramera y que después de ser una emperatriz en el siglo diecinueve, volvía a sus inicios con El cuarteto, el cual debería llamarse “El septeto de Alejandría” y que estaría dividido en dos partes; las crónicas sobre las islas griegas como gestación y el propio Cuarteto como manifestación.
Durrell ha escrito una novela poética y, al mismo tiempo, ha utilizado todos los recursos novelísticos del momento y ha recuperado, como otros grandes novelistas, y a pesar de su experimentalidad, a la novela de esa muerte que le propinó Joyce. Es como si hubiese buscado darle la vuelta a la propuesta joyceana y en vez de ir a lo épico fue a lo novelesco oriental. Sensualizó de nuevo a la novela y le dio al escepticismo de la post-guerra la posibilidad de sobreponerse por medio de una reeducación sentimental y, especialmente, basada en el cuerpo. Una espiritualización del cuerpo por medio de la novela y, por supuesto, basada en el amor. El cuarteto es un compendio historiográfico de la novela, incluyendo la contemporánea, es un compendio de las voces narradoras, es un compendio de los recursos más novedosos. Reelaboró el tema amoroso y lo hizo siguiendo la tradición inaugurada por la novela bizantina, reinterpretada por la novela medioeval y modernizada por la novela romanticista. Así que innova, pero se basa en la tradición y revitaliza a la civilización contemporánea.
jueves, 16 de julio de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
Prehistoria. José Emilio Pacheco

Mujer, no eres como yo
pero me haces falta.
Sin ti sería una cabeza sin tronco
o un tronco sin cabeza. No un árbol
sino una piedra rodante.
Y como representas la mitad que no tengo
y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,
diré: nació de mí, fue un desprendimiento:
debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.
Debo someterte
como a las fieras tan temidas de ayer .
Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,
labran los campos, me transportan, me cuidan,
me dan su leche y hasta su piel y su carne.
Si no aceptas el yugo,
si queda aún como rescoldo una chispa
de aquellos tiempos en que eras reina de todo,
voy a situarte entre los demonios que he creado
para definir como El Mal cuanto se interponga
en mi camino hacia el poder absoluto.
martes, 7 de julio de 2009
Clea Rojas. Pobremas de prostíbulo.

lunes, 6 de julio de 2009
Charles Bukowski. El genio de la multitud.

hay suficiente traición, odio, violencia e idiotez en el hombre promedio
como para proveer cualquier ejército cualquiera de estos días
y lo mejor del crimen son aquellos que predican en su contra
y lo mejor del odio son aquellos que predican amor
y lo mejor de la guerra son finalmente aquellos que predican la paz
aquellos que predican a dios, lo necesitan
aquellos que predican la paz no están en paz
aquellos que predican la paz no son amados
cuidado con los predicadores
cuidado con los conocedores
cuidado con aquellos que siempre están leyendo libros
cuidado con aquellos que odian la pobreza
o los enorgullece
cuidado con aquellos que elogian de buenas a primeras
le tienen miedo a lo que desconocen
cuidado con aquellos que están en busca de fieles multitudes porque solos son nada
cuidado con el hombre promedio con la mujer promedio
cuidado con su amor, pues su amor es promedio
persigue lo promedio
pero hay genio en su odio
hay suficiente genio en su odio como para matarte
o matar a cualquiera
sin querer soledad
sin comprender la soledad
intentarán destruir todo
aquello que difiera de lo suyo
sin ser capaces de hacer arte
no entenderán el arte
tomarán su fracaso de creadores
como si sólo fuera un fracaso del mundo
sin ser capaces de amar a plenitud
pensarán que tu amor es incompleto
y luego te odiarán
y habrán de ser perfectos en su odio
como un diamante reluciente
como un cuchillo
como una montaña
como un tigre
como cicuta
A un árbol

No hay nada como un árbol frente a la ventana
asomarse y saber que está siempre allí
maltratado por los elementos
o reverdecido y enaltecido
según la fecha y la estación
familiar y entrañable
un amigo al que hemos abrazado
a la usanza de los chinos
al que se ha defendido de la barbarie de los ignorantes
supuestos ambientalistas municipales
que obedecen cerrilmente a sus superiores
sin atreverse a pensar por sí mismos
que no saben que ese viejo árbol
es legítimo dueño de la tierra que pisan
la misma que los acogerá en su seno algún día
y los hará parte de ella
no hay nada como abrir la ventana una mañana soleada
y saludar al fiel guardián de nuestro sueño
aquél que nos ha acompañado desde siempre
al cual vimos crecer
y bajo cuya copa pasaron cosas importantes
para nuestra vida
cosas que sólo él y nosotros sabemos.
Rafael José Álvarez

Cuadro
Hemos desgastado
nuestros ojos en los cuadros.
En esa fijación han trabajado
las arañas
Nos hemos repartido en el fragmento
de cristales y aldabas
El gato husmea
debajo de los árboles
y en los restos de un pájaro
que estuvo en nuestros sueños.
Conocí sus memorias
Conocí sus memorias,
el polvo de sus fechas y su perplejidad.
Zumbaba el caballito del diablo
en un luminiscente azul revelado
por ellos que miraban
fijos su ardentía en los jardines de Arabia.
Dentro la demolición,
las cariadas maderas,
la agitación mental que barre los papeles,
la sequedad de las hojas dormidas.
Son, a un palmo de la noche,
trozos de un sueño que asoma en las ancilas.