viernes, 17 de julio de 2009

Lo espiritual en el haikú.


Sesshu


Takuan


Sesshu



No niego mi gran admiración por la cultura japonesa, a la que he estudiado como un orientalista aficionado más que como un japonesista. No sé japonés, pero he estudiado su escritura como un lector de poesía, no como alguien que conoce el idioma. Sin embargo, específicamente en relación al haikú, durante muchos años me di a la tarea de investigar su espíritu característico, y digo espíritu pues es fundamental al relacionarse con el haikú tener ciertas experiencias de la cultura budista y la cultura autóctona del Japón basada en el shintoismo. Así, uno aprecia la dimensión del poema, que por su tamaño ha sido maliterpretado. Su pequeñez es en realidad una forma de hacer trascendente el momento y la impresión primera, la cual capta de manera clara y precisa una imagen que contiene al todo experimentado en el instante, expresado igualmente como único y que nos transmite de manera inmejorable esta ínfima trascendencia. Por supuesto, aparte de ser un estudioso se require experimentar la meditación para conprender que un haikú podría ser considerado como eso, un momento especial. Comprenderán la necesidad de que sea un texto corto. Un texto corto puede recoger momentos, reunirlos para acrecentar una imagen más amplia y matizada del fluir de la realidad. De ese modo, en realidad el haikú es una reunion de textos, y su brevedad está en relación con la extension de las estaciones. Sobre todo porque la organicidad de la naturaleza exige un temperamento especial para distinguir la importancia de los ciclos y sus matices. En la meditación hay momentos de intensidad que funcionan como picos, estos picos son lo que trata de transmitirnos el haikú.
De este modo una sola imagen que es el mismo texto, sintetiza una experiencia interior y una experiencia caligráfica. La caligrafía en civilizaciones tradicionales es un arte en sí mismo, igualmente en nuestra contemporaneidad ejerce un atractivo, aunque con otras condiciones, las cuales no son pertinentes en este escrito. Me limito a señalarlo porque es muy importante que los haikús y los tankas, igualmente, poemas concatenados de modo que sean un conjunto de textos, son grafía o para decirlo de otro modo, dibujos con sentido verbal. Por su parte, los tankas son más largos y conservan una especie de independencia entre las estrofas, aunque sean concatenadas en torno a un tema central y la estructura del libro esta basada en textos independientes pero agrupados por un tema central. Consiguen así cómo abarcar aspectos más amplios y explícitos.
Ahora volvamos al haikú. Insistiremos que tiene la dimension de los momentos de una estación en particular. En realidad, como haikú se conocen todos los textos de la estación que recrean los ciclos de la naturaleza. Aquí se encuentra una idea central del budismo, que es el ver las cosas tal cual son, tal cual transcurren en el contínuo movimiento, que al ser captado por una quietud muestra su verdadera dimensión. Mediante la disciplina de la meditación y de la contemplación es posible captar la relación entre el entorno y el sí mismo particular. Por supuesto, en el arte de la poesía ello no es suficiente, es decir, es necesario escribir poesía para poder convertir la meditación y la contemplación en poesía. Se tiene que ser artista, y ello es así por la expresión. Compartir esa experiencia interior y particular en algo que trascienda a la propia persona y que trasmita esa experiencia fuera de esa personalidad, permite al lector experimentarla igualmente. Mediante la expresión de esa experiencia individual, hacer partícipe al otro o a aquellos que conforman el colectivo. Realmente la experiencia, aunque requiera de una disposición individual, se convertirá en expresión y esta expresión es artística, tiene que serlo pues ha podido transmutar una realidad y ha convertido un momento cotidiano en una experiencia transcendental mediante la destreza con el lenguaje y la grafía. Conocimiento y espíritu es lo mismo para las sociedades tradicionales, incluso para aquellas corrientes como el budismo zen que le otorgan importancia a la existencia común y cotidiana. Para nosotros los occidentales, si somos racionalistas, resulta un asunto de truco o de facilismo literario, pero sin la experiencia de la meditación y de la contemplación es difícil creer en este espíritu del haikú, en su capacidad para reproducir una realidad y, al mismo tiempo, de ser un milagro en forma literaria.

Ricardo Chitty

Selección:


El pobre muchacho
Moliendo el arroz,

Levanta su mirada hacia la luna

Bashó


¡El mendigo!
Tiene el cielo y la tierra,
Como ropa de verano

Kikaku

La primavera ha llegado
Con toda sencillez:
Un ligero cielo amarillo

Issa

Los pasos anhelados
Están lejos,
Sobre las hojas caídas

Busón

Baja la luna invernal,
El viento del río
Afila las rocas

Chora

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